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14:36h. Lunes, 20 de Noviembre de 2017

Túnez: dos fronteras y un mar que ahogan

@RosaMassague

Comparado con sus vecinos Argelia y Libia, Túnez es un país muy pequeño. Ahora siente dolorosamente las garras del caos reinante en los grandes del vecindario. El colapso de cualquier cosa parecida al orden en el país que fue cortijo de Muamar Gadafi y la multiplicación de grupos armados ha convertido la frontera con Túnez en un coladero de yihadistas y en una ruta por la que circulan libremente las armas.

Al oeste, Argelia es un país donde la mano de hierro del régimen que oficialmente encabeza desde hace tres lustros un enfermo de 78 años, Abdelaziz Buteflika, no consigue domeñar un terrorismo que golpea con regularidad. Recuérdese el osado asalto hace poco más de dos años contra una planta de gas, 1.500 kilómetros al sureste de Argel, en el que murieron varias decenas de trabajadores extranjeros y 29 terroristas fueron abatidos.

Pero no es solo el terrorismo el que genera gran inestabilidad en Argelia. De aquel país se ha dicho que es el laboratorio energético de Europa. El último experimento es el fracking, la fracturación hidráulica, que ha puesto en pie de guerra varias regiones, especialmente la zona meridional de Tamanraset. Desde hace varios meses se repiten las protestas contra las extracciones de gas de esquisto con un argumento de una claridad meridiana y es la enorme cantidad de agua que exige la hidrofracturación en una zona donde si algo escasea es dicho elemento.

Con este vecindario no es de extrañar que la democracia en Túnez sea algo realmente prodigioso. Pero hay más. El país del jazmíntiene una tercera frontera, el mar, que si le reporta riqueza gracias al turismo de playa y de cruceros --ahora en entredicho--, y a la pesca, también le crea una enorme presión. Después del estrecho de Gibraltar, el canal de Sicilia es el brazo de mar más pequeño que separa el continente africano de Europa. Los dos puntos más próximos están solo a 145 kilómetros de distancia con una profundidad de poco más de 300 metros. Los fenicios ya convirtieron el canal en una autopista marítima que incluso señalizaron en algunos puntos. Hoy, por esta vía circula el tráfico de hombresque llegan al mar después de cruzar Túnez.

Europa le falló de forma escandalosa a aquel país cuando empezó su primavera. Valga como ejemplo el ofrecimiento de los servicios de seguridad franceses hecho por la entonces ministra de Exteriores gala, Michèlle Alliot-Marie, al tirano Ben Alí para reprimir la revuelta. Ahora Europa no puede fallar. En ello va no solo la estabilidad del pequeño Túnez que ya es mucho. Va también nuestra seguridad.

@RosaMassague