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11:01h. Martes, 21 de Noviembre de 2017

Marruecos y el progreso

Marruecos quiere ser un país moderno, abrirse a occidente. Quiere atraer las inversiones, ser la puerta de África para Europa. Pero esa modernidad que está en las voluntades de sus emprendedores no ha echado raíces en tierra en todas las instituciones y todavía hay burocracias de otros tiempos.

Marruecos quiere ser un país moderno, abrirse a occidente. Quiere atraer las inversiones, ser la puerta de África para Europa.

Al menos éste era el reclamo que nos brindó el alcalde de Tánger al invitarnos a conocer la ciudad: oportunidades para las empresas, obra pública, espacios culturales, recuperar el Tánger internacional y sobre todo una zona franca en el puerto que hace temblar las perspectivas logísticas de los puertos vecinos.

 
 
 
 

Pero esa modernidad que está en las voluntades de sus emprendedores no ha echado raíces en tierra.

Que Marruecos tiene un problema con la libertad de prensa ya lo sabíamos. Pero tiene además un gran problema con la burocracia. Y cuando en la aduana del aeropuerto vieron un equipo fotográfico completo saltaron las alarmas del funcionario de turno.

De nada sirvieron las explicaciones sobre el propósito del viaje, de nada sirvió que el alcalde llamase a la autoridad competente y que se personase en la aduana su asesor personal, con un documento oficial del Ayuntamiento. Al señor de uniforme - Mohamed Hamid, para más datos - se le había cruzado un 'NO' en la cabeza.

Así estuvimos 8 horas junto al escáner de seguridad esperando que llegara un fax de Rabat y viendo pasar turistas con sus cámaras.

- ¿Y estos?

- No, es que usted es periodista. Pero puede pasar si quiere y nos quedamos en depósito su equipo.

¿Entonces? - digo yo - ¿el problema es la cámara o el periodista?

- El problema es el periodista con cámara.

Aaah, vale. Yo le pongo paciencia, trato de ser comprensivo porque uno va a otro país y respeta sus normas.

Pero una cosa tengo clara: si Marruecos quiere de verdad construir esa imagen de modernidad y progreso tiene que cambiar este tipo de cosas y ponerse a la altura de la hospitalidad de sus gentes. Meter un epígrafe de sentido común en su árbol legislativo. Abrir el grifo de las libertades. Y ya de paso, sacar las cámaras de fotos de la lista de objetos subversivos por los que uno se pase 8 horas atrapado en una aduana.

El final de la historia: el periodista duerme el hotel, la cámara duerme en el aeropuerto, el señor de la aduana dormiría en su casa, imagino y el alcalde si durmió seguro que soñó con ese reportaje que nunca tuvo por la gracia divina de su real ministerio.

Mi retina regresa cargada de imágenes extraordinarias. En España no podrán verlas. Qué lástima.

Autor: Alberto di Lolli. El Mundo 15/06/2015