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18:24h. Jueves, 22 de Junio de 2017

Los emergentes apuestan por invertir en África

Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, que junto a China conforman los llamados BRICS, las economías emergentes del planeta, se han comprometido a invertir en el continente negro. 

Concentra el 50% de las reservas mundiales de oro y diamantes y el 8% de las de petróleo. África, inmensa y rica en recursos naturales, se está liberando de la etiqueta de continente pobre: con 1.000 millones de habitantes –y una clase media que aumenta– es uno de los principales destinos de la inversión extranjera. Históricamente expoliado, el continente africano se reivindica y se erige como el aliado económico del siglo XXI.

Su territorio, como indica la imagen que ilustra este artículo, es inmensa. Europa occidental, Estados Unidos o China tendrían cabida en su territorio. Y sin embargo, sigue siendo invisible para la mayoría. La imagen de pobreza siempre le ha acompañado, no sin justificación.

Pero el continente negro también comienza a ser 'apetitoso', interesante para invertir. Y en esta carrera por hacer negocios en suelo africano, China es quien está en cabeza, sin exigir demasiadas contrapartidas a cambio.

Desde hace cinco años, el gigante asiático es el principal socio comercial del continente: sus inversiones le aseguran el acceso a yacimientos de recursos naturales imprescindibles, como el petróleo, gas natural o los minerales. Consciente de sus recursos y del vasto mercado emergente que supone, China se ha convertido en un buen socio económico. Y además no pide ningún sistema político concreto a cambio.      

Pero no es el único. Otros países como Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, que junto a China conforman los llamados BRICS, las economías emergentes del planeta, se han comprometido a invertir en el continente negro. Una estrategia que no parece desinteresada. Las previsiones apuntan a que en 2050 una de cada cuatro personas en el mundo será africana, un mercado de posibles consumidores que ninguna de las nuevas economías está dispuesta a despreciar.

Fuente: La Vanguardia